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Wednesday, July 14, 2010

TDK


Hay costumbres que deben mantenerse aunque sean absurdamente cavernícolas. Grabar un mixtape era un arte que requería de tiempo, dedicación y mucha paciencia. Desde el momento en que se empujaban los botones de rec y play al mismo tiempo comenzaba a fluir la adrenalina. Un sentimiento parecido al que deben sentir los pintores luego de hacer un trazo en el lienzo, la angustia de la perpetuidad, muchas veces preferible seguir a borrar y terminar de poner la cagada. Coordinar cada canción con la pausa adecuada entre cada una, calcular cada lado para que no se corte ni un segundo de la obra y escribir en las etiquetas en letra legible cada canción en el orden correspondiente, todas tareas dignas de la minuciosidad y el pulso de un cirujano.

Pero más allá de la parte técnica, el verdadero arte estaba en la selección del contenido. Escoger las canciones correctas y grabarlas en un orden coherente con la persona o la ocasión era solamente posible a través de años de práctica o de un talento innato digno de reconocimiento internacional.

La tapa del frasco era regalar el cassette. Un regalo de muy bajo o ningún costo monetario y con un valor sentimental muchísimo más grande que la más cara de las pulseritas, solamente comparable con un poema escrito a mano. Aparte de un magnifico regalo que describía con música el retrato de una relación adolescente, un mixtape también podía ser el diario accidental de un despecho, una semana santa, un viaje, una rumba, un año, una moda, una amistad… en fin, una época.

Hoy me encontré con un CD que grabé hace 7 años, lamentablemente todos mis cassettes se desintegraron y mis cassetteras deben estar enterradas en alguna chivera de la panamericana. Esto es lo más cercano. Me reí mucho. A continuación incluyo el contenido del disco, por favor no me juzguen, les podría pasar a ustedes.

1. We didn´t start the fire, Billy Joel: Qué mejor forma de empezar.
2. Crazy in Love, Beyoncé featuring Jay-Z: WTF, simplemente inexplicable, aparentemente fue lo más cercano que encontre a “Staying Alive.”
3. Smooth, Santana featuring Rob Thomas: Puro power, supongo que para enfrentar la noche.
4. Mr. Roboto, Styx: Lo confieso, absoluto Styx fan.
5. Let´s dance, David Bowie: Necesitaba un poco de Bowie, muy apropiado luego de Mr. Roboto.
6. Last Nite, The Strokes: Ánimo que queda noche por delante.
7. Epic, Faith no more: El orden hasta ahora revela que en esa época estaba seriamente desequilibrado.
8. Come with me, Puff Daddy featuring Jimmy Paige: Gran homage a Kashmir de Led Zeppelin, pre Puffy, P. Diddy, Diddy, Sean “Puffy” Combs.
9. Bring me to life, Evanescence: WTF, sería culpa de la jevilla de turno.
10. Heroes, David Bowie: Backup en caso de que la noche deje de ser Smooth.
11. Brown Eyed Girl, Me first and the Gimme Gimmes (Ska cover): No me ReCURDO.
12. Hey Jelousy, Gin Blossoms: Nostalgia por el pasado, even then.
13. Disarm, Smashing Pumpkins: Ditto.
14. Soul to Squeeze, Red Hot Chili Peppers: Respect.
15. Man on the moon, R.E.M.: La noche se torna depre.
16. Wish you where here, Pink Floyd: Despecho.
17. Into the west, Annie Lennox: Y de las cenizas se levanta, una vez más, Aragorn hijo de Arathorn.

Como bono aquí les dejo un famoso quote de Nick Hornby (High Fidelity) sobre la complejidad de los mixtapes:

“To me, making a tape is like writing a letter — there's a lot of erasing and rethinking and starting again. A good compilation tape, like breaking up, is hard to do. You've got to kick off with a corker, to hold the attention (I started with "Got to Get You Off My Mind", but then realized that she might not get any further than track one, side one if I delivered what she wanted straightaway, so I buried it in the middle of side two), and then you've got to up it a notch, or cool it a notch, and you can't have white music and black music together, unless the white music sounds like black music, and you can't have two tracks by the same artist side by side, unless you've done the whole thing in pairs and...oh, there are loads of rules.”

Sunday, May 9, 2010

Reality killed the Video Star*


Como buen adolescente 90210, yo crecí con MTV. Mis viejos nunca entendieron como podía pasar tantas horas pegado a Cablevisión viendo videos de rock. Nirvana, Pearl Jam, Tom Petty, Metallica, Counting Crows, Michael Jackson, Red Hot Chili Peppers, R.E.M., Stone Temple Pilots, Blind Melon, Soundgarden, Faith No More (el video de Epic es mi favorito de todos los tiempos), 4Non Blondes, Guns n´ Roses, Aerosmith, Alicia Silverstone por dios! Creo que hubiese podido pasar todo el bendito día viendo a la Silverstone colgando de un puente y pintándole una paloma a su ex. Me gustaba tanto que hasta su película me pareció una maravilla y hasta el sol de hoy la defiendo a capa y espada. En fin, los videos eran geniales y sus directores unos maestros. En un espacio de 3 minutos contaban historias que le alborotaban las hormonas a sus inseguros y fieles espectadores. Lograban entretener. Horas de mi vida, días, meses, bienvenidos Beavis y Butthead a comer a mi casa. MTV Unplugged, no hay palabras, absolutamente genial. El Unplugged de Nirvana es quizás uno de los conciertos televisados más vistos de la historia. Recuerdo una vez mientras veía el clip de Where did you sleep last night por la enésima vez, que mi mamá pasó cerca y al ver el alarido de dolor de Cobain al final de la canción, me dijo en tono de madre preocupada “ese tipo pareciera que se fuera a suicidar, porque ves eso?” Eso fue dos años después de la desaparición de Cobain, mejor caracterización del concepto de teenage angst, imposible. En fin, todos fueron increíbles Eric Clapton, Charlie García y si, por qué no, Shakira también.

El tiempo pasa, inevitable. Y con el paso del tiempo uno se va complicando la vida. Poco a poco empecé a perder el tiempo en otras cosas y quedó poco para dedicarle a los videos. Descuido total. Ya entrado en la Universidad, todavía me quedaba la costumbre de surfear por MTV un par de minutos una vez por cuaresma, no lo suficiente como para familiarizarme con la programación. Sí veía con cierta satisfacción que mi hermana más pequeña había heredado la costumbre y se tomaba la molestia de regalarle tiempo a mi canal favorito. Sabía que ella no podía tener exactamente el mismo gusto musical que yo, pero no me quedaba duda que mi canal haría la tarea de criarla adecuadamente, tal y como hizo conmigo.

Pero cual es mi horror, al descubrir lo que los ejecutivos habían hecho con el canal. MTV, el que alguna vez fue para mí un símbolo de rebeldía adolescente, ahora no hacía sino transmitir videos para carajitas y mariquitos. Backstreet Boys, Britney, Nsync, Pink, Avril Lavigne, Cristina Aguilera y Lady Mermelada, no sigo con la lista porque se me revuelve el estomago. ¡Que mierda! ¿Y cual fue el resultado de esta diarrea audiovisual?????? Una dama llamada Nueva York y una señorita de nombre París. Maldita sea. Malditos sean todos. Flavor Flave, Brett Michaels y su autobús de zorras, Daisy, Tila, Room Raiders, Next, Tool Academy, Double Shot of Love, I love Money, Ray Jay. Jackass se medio salvaba en su época, pero ahora hay cuarenta programas iguales en donde todos sale el hijo de su madre Bam Margera. ¡Coño de su madre! ¿Y los videos? Ni Britney.

Eso fue el año pasado. Este año si se la terminaron de comer. Cuando pensábamos que la cosa no podía ser peor, un programa llamado Jersey Shore se apoderó del Espectro Radioeléctrico. Para que se entienda, Jersey Shore es las Kardashian a la N potencia y Snooki es el engendro de Satanás con Kim.

Perdónalos Dios, no saben lo que han hecho. La cultura yankee absorbe todo como una esponja. Las gringas ven a Kate Goselling como un fashion icon y a Paris Hilton como la encarnación de la elegancia y el estilo. Hasta hace nada algunos sitios de Nueva York pagaban hasta 10 palos a los niches de la costa de Jersey para que los visitaran como campaña de marketing. Yo a esa gente solo la iría a ver al zoológico, si me pagan.

El primo cuarentón también anda en lo mismo, Vh1 pasa la misma mierda. En lo único que puedo pensar es en que Karma se la jugo feo a mi canal favorito. Para llegar a esa conclusión me tuve que pasar las de Caín. Me pegué todos los reality shows que pude, me torturé por interminables horas viendo a New York resolverse con la parida de idiotas más grande del planeta, a Sanyaya tratando de demostrar su ausente masculinidad en medio de la selva y viendo a una exestrella de rock hacer el ridículo en busca de una stripper con aptitudes de ama de casa. Pero ahí no estaba la respuesta, tampoco en los boy bands y las estrellas adolescentes pop de finales de los 90 y principios de esta década.

Karma le cobró una vieja, la más vieja de todas: Video killed the radio star. Lo que está pasando ahora ya había pasado antes y volverá a pasar. Nos burlamos de la noble radio y tratamos de imponer un medio que nos enseñaba a nuestros ídolos más de cerca. Y la inmediatez de estos tiempos y el morbo de la gente nos mataron.

Lo peor de toda está porquería es que la mayoría tiene sus esperanzas puestas sobre los hombros del hermanito menor de Cristina Aguilera, quién tras haber quedado picado de culebra con el Voulez-vous coucher avec moi (ce soir)? de su hermana asumió el pseudónimo Lady Gaga y se adueño de las discotecas con canciones Britney style, que la gente, estúpida como siempre, llama progresivas.

No hay consuelo y tenemos pocas esperanzas. Yo solamente sueño con el día en que el Gran Cornholio renazca de las cenizas como el Ave Fénix y, armado de una sobredosis de cafeína, acabe con todos estos hijos de puta.


*Este post lo escribí hace 1 año en medio de un ataque de ira, sin pretensiones bloggeras. Porsia las moscas, el título se lo puse antes de que Robbie Williams sacara su álbum homónimo.


Sunday, April 11, 2010

Danilo somos todos


En aquella época llamarse Danilo era una verdadera cagada. Ya no importa tanto, la gente en este país tiene la memoria tan corta que 2 años después de este peo, llamarse Rosinés no va a ser ninguna tragedia.

Danilo estudiaba derecho. No era el típico estudiante de derecho de finales de los 90. Tenía una contextura maltrecha y un estilo hipoide. Flaco como una espátula, cabezón, medio calvo y con cara de adolescente. Algo como un Mr. Burns quinceañero. Jamás se cambiaba los pantalones y existía la teoría de que usaba las camisas vuelta y vuelta antes de “lavarlas”. Hablaba pestes del alcohol y las drogas, pero siempre olía a marihuana.

Se había decidido por el Derecho para atacar al sistema desde adentro. No tenía preferencia política alguna más que llevarle la contraria a la mayoría. Conocía de memoria todas y cada una de las canciones de Sabina, Serrat y Silvio. Un viaje a Europa que su abuela le regaló fue todo lo que necesitó para convertirse en el propio izquierdista socialistoide. Tres semanas con unos españoles en París y voila. Pero a pesar de su estereotipo, todo esto de la revolución bolivariana le pareció una farsa desde el principio.

Sobrevivió primer año sin morir de aburrimiento. Segundo no prometía nada en especial. Derecho Constitucional le daba especial fastidio. Ya se había anunciado la llegada de la constituyente y para él no hacía ningún sentido estudiarse una Constitución que igual iba a desaparecer.

Danilo no tenía amigos más que un grupo de gente conocido como the Beautiful People por la canción de Marylin Manson, con quienes compartía un porro de vez en cuando. De resto lo más cercano a amigos era su grupo de estudio de constitucional, la primera semana les había tocado una actividad juntos y se soportaron lo suficiente como para repetirlo. El grupo era bien variado, una pequeña muestra de laboratorio de la fauna de la Católica. Sus sesiones de estudio se prolongaban hasta tempranas horas de la mañana. Se caían a gritos hablando de política nacional e internacional. Medianamente cultos e igual de apasionados se gritaban hasta que salía el sol. Un día como cualquier otro divagaban desviándose de la materia. Quejándose de la ladilla de estudiarse una constitución que no iba a estar vigente el año que viene, alguien dijo en broma que “si Chávez no pasaba su constitución no habría que estudiarse una nueva.” El chiste se convirtió en punto luego de discutir tres horas sobre el tema. Se estudiaron la Constitución. La vieja y la nueva. Se dieron cuenta que el nuevo texto era pura paja. Que para implementar muchas de las cosas que este nuevo gobierno había prometido no hacía falta una reforma constitucional, simplemente hacer cumplir las leyes que ya existían. Su punta de lanza era el artículo 350. Era muy peligroso. Que era esa porquería de que estaba bien revelarse contra el gobierno solamente para justificar un golpe de estado fallido. A los del interior no les mataba como se trataba a la descentralización. Quizás no entendían del todo y quizás discutir algunos puntos sonaba antipático y repetitivo, si a ver vamos para un estudiante de primer o segundo año de derecho todo es inconstitucional, pero su intención era indiscutiblemente noble.

El último empujón que necesitaban lo dio un libro sobre la generación del 28 que encontraron en una biblioteca. El libro no decía nada en especial. Fueron las fotos de unos elegantes jóvenes con trajes, boinas y sombreros de paja tipo FBI de los 30, lo que realmente los inspiró. Eran jóvenes como ellos, mejor vestidos quizá, pero ciertamente jóvenes y lograron derrocar a uno de los gobiernos más despiadados que Venezuela haya tenido. Fue así que decidieron que algo tenían que hacer. Danilo era uno de los radicales. No era el líder, eso se le dejó a los que tenían mejor pinta y vena política. El era el guerrillero del asunto. Se pusieron de acuerdo y entre todos juntaron 400 mil bolos, con eso mandaron a hacer un montón de chapas que decían NO y vota No. Escribieron un manifiesto que recitaban con un megáfono en la Universidad al tiempo que repartían las chapitas. Las repartieron casi todas. De la gente que las aceptó sólo a algunos no les daba pena usarlas en público.

Definitivamente tenían que hacer algo más fuerte para llamar la atención. Necesitaban a los medios. Solamente un programa de radio les dio audiencia. Macho y no Mucho de 92.9. Fueron todos a la pequeña cabina de radio para hablar de lo inconstitucional que era el asunto. Fueron preparados para hablar de cómo esa nueva Constitución destruiría todos los esfuerzos que se habían hecho para descentralizar al país. Fueron preparados para discutir sobre las confusiones que creaba con respecto a expropiación y confiscación. Y fueron preparados para discutir las atrocidades del infame artículo 350. Eddie P. el host gay del programa los atiborró de preguntas sobre los derechos de los homosexuales en la Constitución y sobre su opinión del matrimonio entre personas del mismo sexo. Decir que quedaron ponchados es poco, la mejor poker face no hubiese logrado nada ante el terrible silencio que lleno la cabina.

Había que buscar mas gente. Llamaron la atención de los centros de estudiantes de un par de universidades y fueron invitados a discutir el asunto. Un joven partido político que buscaba justicia para todos les dio, sin involucrarse mas que para repartir franelas, un espacio para que intercambiaran ideas y planearan la próxima movida. A Danilo no le gustaban esas reuniones porque estaban llenas de Caprilitos. Según él estos Caprilitos eran jóvenes a la caza de una puerta de entrada al mundo de la política para figurar y salir en televisión. Para él, la lucha era mucho más que eso.

En la reunión, un representante de la escuela de letras de la UCAB propuso una vigilia con velas en Plaza Venezuela. A nuestro héroe le pareció una mariconada y se guindo con todos haciendo propaganda a su idea de hacer algo más contundente. Había que marchar hasta el CNE y presentarle a las autoridades un documento razonado explicando la protesta. Al final y al mejor estilo de la Guanábana, se transaron por un punto medio, vigilia el viernes y marcha el lunes. La vigilia se llevó a cabo sin mayores eventualidades. Se cantaron canciones a lo Cumbayá y se repartieron calcomanías a quienes las aceptaban en el tráfico.

El día de la marcha fue como cuando los lords escoceses embarcaron a William Wallace. Los Caprilitos no aparecieron por ninguna parte. Sus números no llegaban a 100 personas. Pocos minutos antes de comenzar a caminar apareció un autobús con 30 personas de la Universidad de Coro. Al bajarse del autobús fueron recibidos con coros y abrazos como si se tratara de héroes. Comenzaron a marchar. Todo estaba en orden, los medios los esperarían en el CNE, tenían un camión destartalado con micrófonos y cornetas, pancartas y más tricolor del que cualquier persona pudiera cargar.

A media marcha el camión se apagó. Tomó una porción grande de marchistas para empujarlo hasta su destino. La marcha era literalmente escuálida. Pero para Danilo este era su Matasiete. Andaba como loco, eufórico, por fin había logrado lo que quería, esto era lo que necesitaban para llamar la atención. Cámara en mano corría para arriba y para abajo en pleno operativo y con complejo de PTJ, como buen venezolano, organizando, dando órdenes, chequeando, tomando fotos y velando por la seguridad de sus compañeros. Había preparado un morral con una docena de potes de vinagre y había recolectado una serie de cauchos para quemar. Vale la pena acotar que los potes de vinagre se quedaron sin usar y los cauchos no ardieron. Esto fue antes del gas del bueno y, además, a alguien se le olvidó la gasolina.

Al llegar al CNE, fueron apedreados, vejados y golpeados por el típico grupito de chavistas convocado para esos fines. Hicieron un círculo frente a las puertas del edificio y, con la ayuda del camión, se atrincheraron. Danilo, quién tenía el tricolor pintado en la cara declaró ante la prensa, habló con el tono de voz que uno se imagina que Simón Bolívar tendría. Le dieron cámara y no se quedo con nada por dentro, lo dijo todo. Al terminar salieron por el lado del palacio de justicia, caminando por la acera en fila india.

Victoria. Agotado, ya en casa de uno de sus compañeros para celebrar el triunfo, Danilo abrió una cerveza helada. Sentía que estaban dando el primer paso hacia algo grande y que por primera vez tenía algo en que creer. En el fondo del salón se oía la música de El Observador. Danilo volteó y corrió emocionado hasta la televisión. Tuvo que esperar como dos propagandas hasta que llegaran al reportaje de la marcha. No le dieron mas de 10 segundos de cobertura. La única imagen de los acontecimientos fue la de él enguerrillado con la cara pintada, con un par de coreanos a sus lados pegando gritos y una voz en off que decía “encapuchados y estudiantes revoltosos manifestaron frente al CNE”.

Sintió como se le iban los tiempos, pero justo antes de explotar, se dio cuenta de la triste realidad. Eran pocos. Muy pocos. Y estaban completamente solos. Dos años después y justo antes de retirarse de la carrera, Danilo perdería las elecciones del Centro de Estudiantes contra una plancha de tinte oficialista.


De esta manera, rindo homenaje a Danilo y a todos aquellos que no llegaron a ser la generación del 99.


Este post no busca reivindicar a nadie. Nunca buscaría reivindicar a mi generación, destruimos Wall Street y nos estamos devorando la economía patria. Simplemente quiero dejar testimonio de algo que pasó en una época antes de Youtube, los mensajes de texto y las cámaras digitales. El tiempo ha pasado, pero las cosas no han cambiado.


Tuesday, April 6, 2010

Paul is a dead man


Yo no viví la época de los discos de pasta. Yo soy de la época de los minicomponentes no tan mini que traían radio, doble cassette, CD changer de 5, ecualizador y, como si fuera el frosting de la torta, una aguja en el tope. En un limbo entre el cassette y el Ipod, mi contacto más cercano con el Long Play fue cuando estuve en la Universidad. Teníamos la costumbre de estudiar siempre en la misma biblioteca de un viejo amigo que hace mucho tiempo ya no veo. La biblioteca, además de tener una colección de libros que iba desde la Puertas de la Percepción de Huxley hasta el libro de Mormón, estaba equipada con una cantidad de artefactos casi inservibles y perfectos para procrastinar hasta la muerte. Una Stratocaster a la que le faltaban dos cuerdas, VHS, Beta, equipo fotográfico y químicos de revelado con su respectivo cuarto oscuro improvisado en el baño, unas congas, el cooler con nuestra colección de cenizas y un viejo tocadiscos que venía acompañado de una caja polvorienta llena de joyas del Rock & Roll. Nuestras sesiones de estudio se convertían en largas tertulias sobre música y cine. Un día, con pocas horas antes del examen y ya bien adentrados en la hora del lobo, vino en mano y buscando excusas para distraernos del hecho de que no íbamos a terminar la materia, sacamos la caja de discos que mi amigo consideraba su mas preciado tesoro. En una época pregoogle y prewikipedia cuando las leyendas todavía corrían por word of mouth, fue que por primera vez oí un mensaje oculto en un disco de pasta. Ese disco fue The White Album de los Beatles. Al final de la canción I´m so tired John Lennon dice algo imposible de entender que, puesto al revés, suena como “Paul is a dead man miss him, miss him”. El vinyl nos habló una y otra vez confirmándonos, con más certeza cada vez, que un fantasma nos estaba revelando el secreto de la muerte de su colega. No se si era por el stress del examen, los vinos, los químicos del cuarto oscuro o la hora del lobo pero estaba asustado como pocas veces en mi vida. Era como un macabro juego de la Ouija donde nada más y nada menos, John Lennon se burlaba de nosotros desde el más allá. No pude manejar a mi casa y no pudimos estudiar más. Si el profesor hubiese preguntado cuantas personas pasaron por el roster de los Beatles no habría perdido ese verano estudiando Derecho Precesal, gracias John. Sin embargo, no me arrepiento. Esas sesiones me enseñaron más de la vida que cualquier Universidad y despertaron mi interés por temas mas trascendentales que la trabasón de la litis. Mi fascinación por los Beatles empezó ahí, tarde.

Me di cuenta que a los 21 años no sabía nada de esta increíble banda, que en un espacio de escasos 8 años sacaron alrededor de 12 álbumes de estudio , 13 EPs y 22 singles; se inventaron y reiventaron infinidad de veces imponiéndole su estilo como dogma a sus fans, invadieron al Mundo y sin duda alguna, lo cambiaron.

Me enfermé y obsesioné. El diagnóstico era obvio, Beatlemania.

Sentía una terrible envidia por la gente que tuvo la oportunidad de verlos en vivo. Una terrible envidia por no tener mi propio momento Beatle. John Lennon había muerto y ya no podría haber ni un reencuentro. Al poco tiempo de mi encuentro con el fantasma de John, George murió. Imposible.

Nunca pensé que Paul y yo coincidiríamos en Miami, ciudad que hace tantos años le abrió las puertas a los invasores de la Gran Bretaña.

El crowd era fascinante. Había de todo. Los típicos freaks de convención de comics disfrazados de distintas eras de los cuatro de Liverpool, legiones de Baby Boomers con toda su prole, Emos, Emmas, punks, gente común, gente extraordinaria, el autobús del geriátrico y hasta una pareja de Islandeses. Caminar por los pasillos del Sun Stadium era parecido a caminar por Strawberry Fields en NY, donde se escucha a gente cantando y tarareando cualquier cantidad de canciones de la banda “words are flowing just like endless rain… dada singin´ in the dead of night…and when I am away…about a lucky man who made the grade…NA NAA NAAA NANANA NAAAA.”

Apareció en el escenario vestido con una chaqueta tipo Sargento Pimienta del siglo 21. Las líneas en su cara y sus delicados rasgos de dama inglesa nos confundieron por un momento. 67 años parecían muy pesados para lo que esperábamos. Luego de tocar Venus and Mars, Rock Show y Jet, en lo que denominó el último cambio de vestuario de la noche, el Beatle dejó caer la chaqueta para así salir de su cascarón con All my Loving. En algún lugar leí que McCartney parecía poseído por el espíritu de Bruce Springsteen. Yo diría Bruce Springsteen y toda la E Street Band. Tocó 36 canciones sin parar intercaladas con humor Beatle. La ejecución de cada pieza, mas que perfecta. La banda increíble. Más de dos horas y media de viaje en el tiempo.

Un fuerte olor a hierba nos comprobó que los Baby Boomers habían desempolvado sus Bongs y pipas, y que aprobaban el rumbo que estaba tomando la noche.

Conocía muy poco su trabajo con Wings y como solista, Band on the Run, Dance Tonight, la Bondesque Live and Let Die y algunos otros clásicos. Pero Paul contaba con la ignorancia y el deseo de gente como yo. En la primera mitad del concierto se dedicó a salir de la mayoría de las canciones de la era post Beatle dejando colar algunos éxitos inolvidables como The Long and Winding Road y Something. La interpretación de esta última fue, para mí, uno de los momentos más emotivos de la noche. Introdujo la canción con una anécdota sobre un ukelele que le había regalado George. Luego, procedió a tocar la canción uke en mano (uno de los 5 instrumentos que utilizaría durante la noche) sin más acompañante que su voz, luego del primer verso y coro se empezaron a incorporar los demás instrumentos y la canción cobró todo su esplendor. En el fondo, una pantalla mostraba fotos del fallecido. Parecían sacadas de la gaveta de mesa de noche de la madre de George. Muy personales y sinceras, mostraban a un joven guitarrista que podía ser hermano o primo de cualquiera. Al terminar y justo antes de que se le cortara la nota al público, bromeó sobre cómo Frank Sinatra una vez dijo que su Lennon/McCartney favorita era Something.

Igualmente emotiva fue su interpretación de Here Today, canción que escribió como una oda a John Lennon luego de su asesinato en 1980.


Live and Let Die impresionó a todos con una fiesta de fuegos artificiales que nos cegó en pleno éxtasis. Pero el plato fuerte lo abrió con el regreso a la Unión Soviética y un bombardeo Cold War style que, entre otras, incluyó I´ve got a Feeling, Paperback Writer, Day Tripper, Get Back, Yesterday, Helter Skelter y la tan esperada y coreada Hey Jude. Cuando le tocó el turno a Let it be, los Blackberries reemplazaron lo que alguna vez hubiesen sido yesqueros, velas y pitos de marihuana.

Cerró el concierto de la mejor manera posible. Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band y The End acompañado de un atardecer ficticio que nos despidió melancólicos y satisfechos.


Leyenda Urbana, Beatle prank o cuento de carretera, no importa. Si Paul en efecto murió en un accidente de tránsito en el 66, el Sábado pasado volvió de la tumba para llevarnos al cielo. Y yo estuve ahí.


Le comenté a mi amigo Islandés de cómo mucha gente no entendía mi euforia por el concierto. Este me contestó con un simple y tajante “I don´t want to be part of this universe.”