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Thursday, August 30, 2012

Hollywood y Venezuela, tan cerca y tan lejos

No me gusta Tom Clancy. No pondría esfuerzo en leer sus complicados libros y me he limitado a no ver más de un par de veces las películas que sobre ellos se han hecho. A pesar de esto, guardo con especial cariño el recuerdo de ir a ver La Caza del Octubre Rojo en el cine. Tenía diez años cuando vi aquella aventura de fin de la Guerra Fría protagonizada por un entonces esbelto Alec Baldwin y Sir Thomas Sean Connery. La persecución de submarinos fue —y esto hay que escucharlo con la voz en off de un narrador de televisión venezolano— “electrizante”.

Wednesday, September 28, 2011

En Univisión

Arrancando con dos posts en el blog de política y actualidad de Univisión -siempre pensé que mi debut en el canal sería en una telenovela, pero esto es lo que hay-, Debate Latino:



No es lo mismo, Sean

Monday, September 5, 2011

Thursday, November 4, 2010

Marty y la escasez de Whisky

Para leer mi último escrito en Prodavinci sobre Martin Scorsese, Boardwalk Empire y el control de cambio, hacer click aquí: Marty y la escasez de whisky. Incluye algunas opiniones controversiales sobre las películas de mafia. Espero lo disfruten.

Wednesday, October 27, 2010

La Devoción de un Macuteño

The Macuto Collective no es la respuesta Guairense al Colectivo La Piedrita. Todo lo contrario. Se trata de un grupo de jóvenes cineastas venezolanos dispersos por el viejo continente, quienes entregados, comprometidos, es más, devotos, a una causa común, han decidido cambiar la historia para siempre (así sea contando su propia versión a través del lente). Esto, sin olvidar el sitio de donde vinieron, siempre dejando en alto el nombre de su natal y amado Macuto.

En su más reciente entrega TMC nos trae Devotion. Un “melodrama familiar,” donde llevan al extremo la vieja institución del triangulo amoroso, al atreverse a entrar en tierras poco exploradas de la sensualidad y el erotismo. Esta brillante pieza utiliza la técnica del cine mudo (acompañada de una fantástica banda sonora) para darle su puesto a la insinuación y resaltar sus sugestivas imágenes. Sin duda un gran acierto para sus realizadores y especialmente para las talentosas y, digamos, carismáticas actrices.

Además de ver Devotion, recomiendo profundamente que se atrevan a revisar la página de TMC. Allí podrán conocer un poco más de su origen y misión (contado de una forma más clara y elocuente de lo que podría este servidor) y, más importante aún, disfrutar de la totalidad de su Obra, libre de cargo. Gracias TMC.

Para entrar en el site hacer click aquí: The Macuto Collective

Todo sea por la Causa ¡Qué viva Macuto!

Monday, September 27, 2010

Idiota en Prodavinci

Luego de haber visto Dinner for Schmucks escribí una iracunda crítica. No solo me habían hecho perder tiempo y dinero sino que además irrespetaron una de mis obras de teatro favoritas (Le Diner de Cons). Al releer lo que había escrito, me sentí como esos críticos mala seda que siempre he odiado. Es por eso que, en un intento por distanciarme de esa gente, la modifique para convencer a quienes no hayan visto la obra de teatro o la película francesa de que lo hagan. El escrito está publicado en Prodavinci y pueden leerlo haciendo click aquí: Idiota!

Ñapa: aquí también está mi escrito sobre las películas alquiladas: Ojos de Videotape

Friday, July 30, 2010

Ojos de Videotape


No había plan más mundano que ir a alquilar una película. Algún día, generaciones futuras se burlarán de cómo sus antepasados perdían el tiempo con sus rituales plebeyos.

Siendo chamo, más de una vez me tocó acompañar a mi mamá al automercado (El Patio en Los Palos Grandes para quienes se ubican). Hasta el sol de hoy no existe vaina que me de más flojera. Pero en aquella época escoltar a mi madre a las compras quincenales traía su justa compensación. Detrás de las cajeras existía una pequeña tienda de video en la que yo me “perdía” mientras ella pagaba. Como premio por mi solidaridad me dejaba alquilar una, dos o hasta tres películas (dependiendo del humor o de que tan cerca del fin de semana estábamos). La selección no era muy refinada ni variada pero para un chamo de diez era más que suficiente. Estaban super actualizados con la saga de Locademia de Policía, Bond completo, cantidades de películas de ciencia ficción y una sección de aventura donde fácilmente podían confundir la carátula de alguna película de Indiana Jones con las de Alan Quatermain (Las Minas del Rey Salomón), error que con gusto se perdonaba.

Así fue que descubrí otra fuente de material para satisfacer mi pasatiempo favorito. Emocionantísimo meter una película en el VH para descubrir que en efecto alguien se había molestado en rebobinarla. Las presentaciones de Blancic Video y Videorama Stereo, con su música de sintetizador ochentoso y efectos especiales pop tapa amarilla, me generaban la misma emoción y expectativa que las de Warner Brothers, Tristar, Columbia o 20th Century Fox. El advenimiento del DVD no cambio mucho la cosa, simplemente cambiamos la frustración de una película no rebobinada por el horror e indignación de la película rayada.

Pasaron los años y la aventura de alquilar películas se fue convirtiendo en una costumbre que, igualmente, pasó por varias etapas. El típico primer plancito mixto de preadolescentes, la primera ida a casa de la chama que te gustaba, el plan de los miércoles y domingos con la novia y la opción a una botella de ron cuando se estaba despechado. Alquilar una película, un plan para cualquier ocasión. Eventualmente se convirtió en mucho más que un plan social, más que una costumbre para momentos de ocio, se convirtió en un ritual. Pasar por la tienda de videos era mi entreplanes. Siempre tenía una película en la casa.

Por un espacio de casi tres años, en lo que se ha catalogado como una de las peores sequías de la historia, visité religiosamente el Videocolor Yamin de Altamira todas las noches, de Domingo a Miércoles, sin excepción. Más de una vez me botaron a las 11 y pico de la noche porque tenían que cerrar. El ritual se había convertido en adicción. Todos los empleados se sabían mi nombre y siempre me daba la misma pena cuando estaba haciendo la cola para pagar. Ponía la película sobre el mostrador y sin mirarlos a los ojos decía “y una caja de Belmont, vaya,” ni tenía que darles mi número de cédula.

Es verdad era el sitio main stream para alquilar películas, pero ¿acaso había otro? La selección no era las más completa y aunque no se tardaban demasiado en traer las películas nuevas, cuando llegaban, por un par de meses solo había un ejemplar de cada una, ese preciado ejemplar que al encontrarlo provocaba un Eureka! ahogado que se manifestaba con una expresión de hiperventilación.

Digan lo que digan, era una Videoteca decente. Tenían a todos los españoles, una colección de Kurosawa respetable, la respectiva pared con todos los hits del festival de Sundance, Bond again, una sección de oldies la cual parecía una fiesta dirigida por Bogie, Holly Golightly, el señor Peck y el resto de la pandilla, suficiente Hitchcock como para considerarse un connaisseur y por supuesto todos los Oscars y Blockbusters que un comecotufas vulgar y silvestre pueda querer. Fue ahí donde me di el gustazo de encontrar Cinema Paradiso en su versión original. La que Giuseppe Tornatore tuvo que recortar para que fuese digna de reconocimiento occidental. Es en esa versión donde se ve claramente la traición de Alfredo y donde cobra verdadero significado aquella escena final inolvidable donde un envejecido Toto revela el legado de su viejo amigo. Paradójicamente, las escenas que recortó Tornatore, al igual que las que tenía que recortar Alfredo (según el criterio del púdico Padre Adelfio), eran las mejores.

Pero ir a alquilar la película era la parte humana del plan, aunque muchas veces el contacto humano se limitaba a la telepatía. Habré tenido cientos de romances imaginarios con todo tipo de cinéfilas. La que iba en pijamas y desentendida, la jevita del yoga, la comegato intensa que despotricaba la selección pop del lugar, el culito que siempre pedía recomendación porque sobrevaloraba mi dominio sobre la materia y que luego se iba corriendo para montarse en la camioneta de un novio acreatinado, etc, etc. A todas les inventaba unos backstories tragiquísimos de los que las rescataba este servidor.

En promedio podía pasarme alrededor de 40 minutos caminando y tambaleándome entre esos pasillos, pasándole la mano a todas las carátulas manoseadas y leyendo las contracaras de las peores producciones de Hollywood y el mundo, la versión literaria del trailer.*

No todo era soñar despierto, de vez en cuando te encontrabas o con el pana ese que tenía buena conversa que solo veías ahí o con la parejita que siempre iba junta a escoger las películas, esa que o terminaban felices para siempre o debajo de una lámpara como los Rose. También estaba la gente conocida que al igual que yo, en una especie de baile no acordado, evitaba a toda costa el saludo y el small talk correspondiente. Y no podían faltar, mis favoritos, los freakies que iban justo antes de cerrar para alquilar una porno o, peor aún, algo de Hentai, aunque fuese por curiosidad nada más.

Hoy el plan ya no existe. La crisis y la invasión de las películas piratas (regardless de la cara de ponchado del papá del chamo con el 20 pirata) acabaron con la pequeña o mediana industria de las películas alquiladas en Venezuela. En el norte y otras partes del mundo el plan de ir a un sitio a alquilar películas se acabo gracias a la tecnología. Si bien es cierto que es una maravilla tener acceso a miles de películas online y que es muy chévere que mágicamente te llegue un DVD por el correo, es una lástima que se haya perdido el viejo ritual en sí. Nos seguimos aislando por la conveniencia. Pero no podía ser de otra manera.

Cuando cerraron la última gran Videotienda de Caracas, vendieron todas las películas usadas a precio de gallina flaca. Me acerqué solamente para ver si encontraba aquella copia de Cinema Paradiso que me había sorprendido tan gratamente, por lo menos para guardarla como recuerdo de una época que se despedía o como premio de consolación por haber perdido uno de mis planes favoritos. Pero fue inútil, no la encontré.

*El tema de los trailers en el cine me apasiona y sin duda es merecedor de su propio post: COMING SOON TO A THEATER NEAR YOU.

Thursday, May 13, 2010

Ani, I’m pregnant


¿Saben el tipo que se para en la cola del cine vestido de Darth Vader? Bueno… yo no soy ése, yo soy el que está en frente.
Mi primera memoria de cine es haber visto el Retorno del Jedi en el Teatro del Este con mi madre. Tenía como 3 o 4 años, así que solamente tengo algunos flashes de la película. Jabba the Hutt, la muerte de Yoda, los Speeders en la luna de Endor y, no sorpresivamente, la pinta de esclava de Leia Organa en su bikini intergaláctico. La Guerra de las Galaxias (A New Hope) y el Imperio Contraataca las vi ambas en Beta. Imperio grabada de Cine Millonario y la otra de parabólica. 
Poco más tarde, durante mis días de entusiasta del Cine Nipón, descubrí gratamente que no solamente Lucas había utilizado varias técnicas de dirección del Maestro Kurosawa, sino que también había basado el guión ligeramente en una de sus películas, La Fortaleza Escondida (Kakushi toride no san akunin). Todos esos elementos que nos parecen inolvidables y característicos de la Trilogía, los puntos de vista panorámicos, los cortes entre escenas y hasta el casco de Darth Vader, entre otros, son prestados del cineasta japonés.
Un Samurai Western Intergaláctico, mezcla magistral de mis géneros favoritos.
Luego tuve la oportunidad de ir a ver el Imperio Contraataca en el Cine Altamira cuando salió remasterizada. Ir al teatro del Altamira era toda una experiencia, se podía fumar y hasta pasar cervezas encaletadas. La pantalla era gigante y se vivía en eterno terror por el probable desprendimiento de uno de los ventiladores del techo. Una de esas salas de cine en extinción —y extinta ya— por la llegada de los cines multiplex.
Convencí a mis amigos para ir a verla y fue una catástrofe, ninguno aguantó más de la mitad de la película. Sacrilegio, ellos no entendían. Para mí este era el abrebocas de lo que se avecinaba y yo estaba salivando.
Cuando George Lucas decidió relanzar la franquicia, atndí al llamado obedientemente sin hacer muchas preguntas. Las dos primeras películas no me aportaron nada especial. Episodio I me pareció una película regular para niños y el Ataque de los Clones era más bien una novela rosa vomitiva estilo Twilight.
Tenía todas mis esperanzas puestas en la tercera, esa que marcaría el nacimiento del temible Darth Vader. Conseguí entradas al estreno. Por ser estreno mundial, la primera función sería a la medianoche. Pocas veces había estado tan emocionado por una cinta.
Mientras hacía la cola con la pobre víctima, que en un gesto de lealtad sin precedentes, me acompañó al estreno, sentí una densa y pseudoasmática respiración a mis espaldas. Admito que por una milésima de segundo tuve una sensación escalofriante. Al voltear, ahí estaba Lord Vader en persona. Me le quedé viendo sorprendido. Sin mediar palabra, hizo una leve reverencia con la cabeza para hacerme saber que me reconocía como uno de los suyos y con un movimiento Jedi de su mano me ordenó que pasara a reclamar mi entrada. Lo sorprendente de esta escena no era el gordito vestido de Darth Vader, sino la reacción —o más bien, falta de de la gente alrededor, como si se tratara de algo normal, algo que veían todos los días. Y probablemente lo era. “Este gordito está en el cine vestido de Darth Vader, en CARACAS ¿y nadie se ríe? ¿nadie se burla?” En ese momento tuve una revelación, “soy un nerd.”
La película fue toda una desilusión. Aparte de un par de escenas de acción divertidas y ver a Yoda desmembrando clones, había algo en el guión que la hacía ver infantil y tonta. No es que los guiones de las originales fueran geniales, pero supongo que los rollos de 35 mm les daban cierta crudeza y carácter. En estas nuevas entregas entre el CGI y el uso de cámaras de video en HD no podía dejar de sentir que estaba viendo dibujos animados.
Pero lo que me mató, no fue la patética actuación de Hayden Christenssen, el grito de Tarzán de los Wookies al atacar a los clones o los carros voladores estilo Cadillac, lo que me mató fue una escena a escasos minutos de comenzada la película. Padme Amidala se acerca a Anakin Skywalker, luego de que este fuese felicitado por el séquito de políticos jala mecate de Palpatine, y le dice “Ani, I’m pregnant.” ¿Ani, I’m pregnant? ¿Qué carajo es eso? ¿No podía decirle algo más elegante como “I’m with child?” ¿O sugerirlo sutilmente al final de la película con un closing shot (à la Kurosawa) de Padme viendo al horizonte acariciando su barriga bien montada y dejarlo de ese tamaño? Mientras entregas anteriores nos dieron frases célebres como la lapidaria “No, I’m your father” Episodio III nos dejó con "Ani, I´m pregnant.” Como si se tratase de 90210 o Gossip Girl. En tres palabras la Venganza de los Sith nos resume lo que yo he estado tratando de decir con mil palabras. Se hizo sin ganas.
Al salir del cine en lo único que podía pensar era en el pobre Vader achicharrado. No el de la película, sino el que tenía sentado tres filas más atrás. Quien por honrar a su personaje favorito no habría comido ni una cotufa ni ido al baño en las 2 horas 30 que estuvimos viendo las masturbaciones* intergalácticas de George Lucas.
Pasó de ser un director innovador, de aquella banda de rebeldes que desarrollaban nuevas tecnologías para poder contar historias increíbles, a uno de esos que hacen películas para enseñar la tecnología que ya tienen. Pissing competition, avaricia, no importa. Quizás sea hora de que Lucas pase la antorcha, o la apague para siempre.  

[Disclaimer: Esto no quiere decir, que cuando Facebook me pregunte mi religión no vaya a poner Jedi. A lo mejor es que yo no entendí el punto de la película. Para mí, La Guerra de las Galaxias, era sobre las aventuras de un piloto mercenario que perseguía princesas en bikini por los confines del Universo, junto a su perro, y una legendaria nave espacial llamada Halcón Milenario.]

*Mis disculpas, pero hace nada vi una expresión parecida en un “artículo” en aporrea.com y tuve que usarla.

Sunday, May 2, 2010

¿Alguna duda?

Roger Moore en Octopussy.


Viendo Octopussy una vez más, me crucé con esta joya. Mejor prueba del approach de Moore, no hay. Ver Adiós Scaramanga, hola Valentino

Monday, April 19, 2010

Una Isla Feliz


Venezuela está imposible, intransitable e insoportable. El daño que este proceso le ha causado es mortal y, posiblemente, irreversible. No hace falta explicar mucho lo grave de la situación y este post no es para eso. Esto es una solución constructiva para la gente chévere como uno.

Imaginemos que por obra y gracia se llega a un acuerdo con la bonita revolución del comandante Chávez. No joderemos más si nos dejan un pedazo de tierra para vivir en paz. Margarita por ejemplo, no es una idea muy original y ciertamente es muy fantasiosa, pero imaginar no cuesta nada.

Una vez culminados los trámites frente al Ministerio Popularmente Social de Haciendas, Tierras, Terrenos y Conucos, lo primero que hay que hacer es mandar un escuadrón elite de los 300 tipos más duros de la historia liderado por supuesto, por Kurt Russell, Bruce Willis y Mitch Buchannon, para que limpien la isla de todas las mafias, malandros y terroristas que ahí habitan y hacen de las suyas desde hace tiempo. Lo sé, sería una carnicería, sabemos lo que Snake Plissken le hizo a NY y LA. En cuestión de tres días no quedará ni un Guacuco vivo.

Luego, cual arca de Noé, se procederá a popular la isla con nuestra gente. En Margarita no habrá democracia, comunismo ni socialismo. Es más, cualquier tipo de ismo será ilegal y el proselitismo político será penado con el destierro. La isla será manejada por una organización que podríamos llamar (for the heck of it) Iniciativa Dharma, cuya junta directiva estará integrada únicamente por los ciudadanos Alfa. Me explico. No todo el mundo puede ir a Margarita y quienes puedan lo harán en el siguiente orden jerárquico.

En primer lugar podrán entrar los escuálidos más escuálidos de todos, es decir, aquellas personas que nunca se comieron el cuento de Chávez. Estos serán los Alfa y la casta más alta de la isla. Los patricios del asunto. Por su superior capacidad intelectual tendrán a su cargo todas las posiciones directivas y derechos sin restricciones a la hora de procrear y reproducirse. Cada ciudadano Alfa tendrá un voto en la junta para votar en asuntos trascendentales como cúales playas serán obligatoriamente topless o cuándo aplica caipirinha y cuándo mojito. El resto de las decisiones serán tomadas por un Director Ejecutivo Supremo Eterno que podría ser, humildemente, yo. Al llegar a los 48 años sería reemplazado por mi clon de 21 al cual se les transplantaría mi cerebro.

Luego, en la jerarquía de la isla, tenemos a las personas que votaron por Chávez en el 98 pero que se arrepintieron ahí mismo. Estos serán los Beta. Podrán optar por puestos administrativos asistiendo a los Alfas o en la Gendarmerie ocupándose de la seguridad de la isla. Los Beta vía permiso especial tendrán derecho a procrear con los Alfa.

Aquellos que saltaron la talanquera luego del 11 de abril serán admitidos bajo la denominación Gama. A pesar de ser los terceros en el orden jerárquico, los Gama serán básicos para el aparato productivo de la isla. Serán los encargados de servir y entretener a nuestros turistas del imperio y el viejo mundo. Los Gama recibirán un upgrade quirúrgico cortesía de nuestros super cirujanos plásticos, quiénes andarán como perro sin amo luego de que Osmel Souza haya sido descuartizado por una misteriosa nube negra al tratar de colarse a la isla. La idea del upgrade quirúrgico es asegurarse de que nuestros turistas imperiales se encuentren con lo que creen que son los venezolanos y venezolanas. Adicionalmente, y como parte de pago por la compra de Musipan para desarrollar un nuevo parque temático dedicado al payaso pelirrojo, Mcdonald´s prestará sus servicios para un tratamiento especial. Por medio de una intervención al mejor estilo de la Naranja Mecánica se les lavará el cerebro a los Gama para que tomen, coman y respiren el lema “LAS SONRISAS SON GRATIS”. No podrán reproducirse libremente sino para reemplazarse a ellos mismos. Los Alfa tendrán derechos copulatorios sobre ellos a discreción.

Los Deltas serán los que se pasaron en la época de la reforma constitucional y se ocuparán de cualquier oficio denigrante que se nos ocurra. A éstos los ligaremos y castraremos para que no puedan reproducirse.

Los Epsilon quedaron fuera ya que la isla no encontró propósito para ellos.

En un principio, la economía de la isla estará basada en su fenomenal servicio turístico y su nueva condición de paraíso fiscal, pero eventualmente, en aras de convertirnos en una super potencia plenipotenciaria potentemente potente, pasaremos a la segunda fase productiva de nuestro plan. Reuniremos a todos nuestros científicos y abogados Alfa para que diseñen una nueva sustancia estupefaciente y psicotrópica completamente orgánica y legal, capaz de poner a volar a un elefante sin efectos secundarios. La venderemos exclusivamente en la isla y la llamaremos, y por qué no, “Soma”.

Según mis cálculos bajo este esquema la isla en pocos años estará liderando el mercado mundial. Le cambiaremos el nombre a algo mas cool como Esparta, no hay necesidad de que sea nueva puesto que ya no hay ninguna otra. Los Espartanos seremos los nuevos líderes del mundo libre. Para ese momento, Venezuela estará completamente destruida y más irreconocible que el planeta de los simios. La gente que allí habitará serán una mezcla entre orcs y los Morlocks de HG Wells. Vamos a estar claros, el chavismo hace que la gente se ponga fea, van poco mas de 10 años y son tan feos que ya parecen de otra especie. Sin duda alguna el país estará destrozado y completamente quebrado. Así pues, los nobles Espartanos pasaremos a adquirir Venezuela por la módica suma de un Bolívar (de los viejos).

Cual bandada de Libertadores le daremos su independencia a los Maracuchos. No gratis, generosos si, pendejos no. El precio de la libertad será una renta vitalicia igual a 42% de sus ganancias petroleras.

El pago de los maracuchos lo utilizaremos para cancelar la deuda externa de Venezuela, con el fin de revenderla a alguien que le pueda sacar provecho. El tema de quién podría comprar este país no es fácil. Se pensará primero en alguien como Warren Buffet o Bill Gates, Carlos Slim no, no queremos más latinos (los Espartanos no somos latinos, somos Espartanos), pero terminaremos decidiéndonos por el César González de la gente con real, nuestro billonario favorito, Richard Branson.

Sé lo que están pensando y no se me ha olvidado. ¿Pero qué hacemos con los chavistas?

Para esto también hay una solución espartana. Una vez más requeriremos de la ayuda de Kurt, Bruce, Mitch y su legión de mercenarios. Corretearán a las hordas de Morlocks hasta Caracas. Una vez en la otrora metrópolis, los arrearán hasta sendos corrales aledaños a una inmensa estructura que nuestros amigos de McDonald´s construirán para nosotros. Está inmensa estructura será una planta procesadora de un nuevo alimento altamente proteico, insaboro y de un color verduzco que producirá la gente de McD´s llamado (que diablos) Soylent Green. Creo que no hay que explicar cual será la materia prima del Soylent. ¿Pero quién rayos querrá comerse a los chavistas? Ajá! Solución espartana: El Soylent Green será expresamente para pagarle a Cuba por toda la ayuda que le prestó a Venezuela en los últimos años, ya que les gusta tanto la mierda, buen provecho!

Conociendo al amigo Branson lo primero que hará será cambiarle el nombre al país. El CEO, CFO, CIA, dueño y director supremo de las industrias Virgin, sin duda alguna bautizará a nuestra patria con el nombre de Virgenzuela. No habrá problema con el nombre ya que lo habremos registrado con anterioridad en el Registro Único Antiburocrático de Esparta y va por cortesía de la casa.

Uno de los principales intereses que el pana Rick tendrá en Vigenzuela se encuentra en Guayana. Estudios de gente que sabe han determinado que el mejor lugar del planeta para lanzar cohetes al espacio se encuentran en ese territorio. Ya para esa época Virgin Galactic la compañía de cohetes de nuestro benefactor habrá crecido lo suficiente como para necesitar su propio puerto espacial.

La siguiente pregunta del Señor Branson será ¿Ajá, pero si los cubanos se comen a todos los chavistas de mierda, entonces a quien empleo para que me ayude con las naves espaciales? Again, solución espartana. Entre Europa y América se encuentra un pequeño país nordicoide de gente bonita y sin dinero. Islandia, esa tierra que alguna vez fue establo del caballo de Thor, y fungió como el gran Hedge Fund de Inglaterra y Europa hoy en día se encuentra completamente quebrada, y en un futuro cercano inhabitable gracias a la Mega Calima del Mighty Eyjafjallajokul. Nos traeremos a los Islandeses para que se conviertan en los nuevos nativos y nativas de Virgenzuela y el gentilicio aplicable será Virgenzuelas/os.

Los Virgenzuelos y Virgenzuelas que trabajen en el puerto espacial vestirán trajes intergalácticos a lo Moonraker, los demás, nada, ya que serán enviados a la selva para reemplazar a los Yanomami. No habrá riesgo de que James Cameron los secuestre para Avatar 6.5 ya que a él también lo lanzaremos en el enorme pote de Soylent Green.

Así lograremos vivir en paz y tranquilidad, felices en nuestro mar de soma. Y si a algún vecino se le ocurre jodernos la paciencia (Colombia es contigo), cuídense, porque SOMOS ESPARTA!


Apartando la posible disputa por derechos de autor que pueda tener con los Hermanos Wayans, salvo mi responsabilidad aclarando que este brainfart salió de una conversación con una persona a la que estimo mucho y que parió el nombre “Virgenzuela”.

Thursday, April 1, 2010

Adiós Scaramanga, Bienvenido Valentino [Deconstruyendo a Jaime]

Cuando Ian Fleming pensó en James Bond como un personaje que podía aparecer en el cine, siempre tuvo en mente a David Niven. Un elegante y refinado inglés de pura sepa a quien admiraba profundamente y que ya era acreedor de reconocimiento en uno de sus libros. Irónicamente, Niven rodaría solamente Casino Royale, una sátira ligeramente basada en el libro homónimo y grabada por otro estudio. Fleming nunca imaginó que el primer actor en protagonizar a su personaje sería un burdo escosés con un grueso y muy particular acento, cuyo gran logro había sido quedar tercer finalista en el Mr. Universo de 1950. Para ponerlo en perspectiva, Arnold Swarznegger fue Mr. Universo. De más está decir que Ian Fleming no estaba nada contento con la elección del estudio y, de mala gana, accedió a colaborar con la educación del infame escosés. Los conocedores dicen que el escritor trabajo arduamente en educar a Sean Connery, y que el resultado final fue una mezcla del refinamiento de Fleming y la picardía y los atributos físicos de Mr. Universo. Esta fórmula se convertiría en el standard por el cual se medirían todos sus sucesores. Ian Fleming quedó tan contento con el resultado que hasta le dio un background escocés al Comandante Bond.

Luego de Connery, quedó George Lazenby al Servicio de su Majestad. Lazenby era una especie de Sean Connery tapa amarilla, sin el saz de este último. Está fue la película en la que James se casó. Creo que no hace falta decir que esta fue la única película de la franquicia en la que George participó, de hecho, ha ayudado a este servidor a ganar un par de apuestas en cuanto al número de actores que han ostentado el preciado 007.

El episodio de Lazenby sirvió para que el estudio se diera cuenta que buscar a alguien que se pareciere a Sean Connery quizás no era la vía adecuada, así que luego de un breve regreso del original, se decidieron por un actor bastante familiarizado con el género llamado Roger Moore. Como era de esperarse Moore le dio su propio enfoque al personaje. Moore ideo un James Bond caricaturesco y poco atlético al que todo le salía bien por carambola (miren las películas de nuevo, es así). Sinvergüenza, gordito y gracias a dios mujeriego, Moore robaría el corazón, más que todo, a generaciones futuras. Lo que no quita que en EON Productions no estuviesen locos por reemplazarlo porque, vamos a estar claros, no se alejaba mucho del Super Agente 86.

Así pues, entramos en aguas turbulentas. Quiero que quede claro que Sean Connery es el mejor Bond de todos los tiempos, los dioses del cine se aseguraron de que así fuera y así será por siempre. ¿Pero, quién le sigue? Cada generación tiene su Bond. Y tengo que decir que el Bond de mi generación, digan lo que digan, fue el inmortal Timothy Dalton. The Living Daylights salió en el 87, no creo que ningún recién llegado al tercer piso pueda recordar haber visto en la pantalla grande a Roger Moore. Con Licencia para Matar fue la primera película de James Bond que yo vi en el cine. Además de la maravillosa interpretación de Dalton, esta película trajo consigo un nuevo tipo de chica Bond -que aparte de disfrutar de largas caminatas por la playa y una buena conversación frente a la chimenea, también era piloto y disparaba mejor que el mismo 007- discípula indiscutible de la inmejorable Pussy Galore.

Los productores estuvieron persiguiendo a Timothy Dalton desde que Sean Connery dejó el rol. Incluso desde antes. El papel que hizo George Lazenby originalmente se lo habían ofrecido a Dalton. No fue sino hasta 1987 que Dalton lo aceptó, no lo había hecho antes porque sentía que era muy joven para el papel y no le gustaba el rumbo que había tomado la franquicia. El hombre es un purista. Para mí, llego justo a tiempo para devolverle el edge que Connery originalmente le había dado al personaje. Lamentablemente luego de su segunda entrega Dalton decidió dejarlo para dedicarse a otros proyectos de cine, teatro y televisión.

Mucha gente opina que Remington Steele nació para interpretar a James Bond. Personalmente, y es mi humilde opinión, Pierce Brosnan fue otra caricatura de James Bond. Las películas de Brosnan resaltaron por los grandes efectos especiales y las extendidas escenas de acción. Su interpretación de 007 rayaba en lo cursi y lo trillado. En dos platos, fue lo que dio pie a la hecatombe que estaba por venir.

De las cintas que ha protagonizado Daniel Craig no hay mucho que decir. Ya ha hecho dos películas y no se sienten ni como una completa. Se les critica que al tratar de darle un twist al personaje pecaron de hacerlo desaparecer. Y a pesar de que Daniel Craig sí trae de vuelta algunos elementos de nuestro anhelado Bond original, ambas películas encajan mejor como continuaciones de The Bourne Identity que de la serie del agente 007. En resumen, nos han tenido aguantando la respiración durante dos películas esperando un simple Bond, James Bond.

Hace un par de años tuve la dicha de ver Quantum of Solace –confieso que no se como traducir el título- con mis amigos aristócratas de la (Gran) Manzana, en el cine de la 2da con 64. Al terminar la película y durante un silencio desconcertante a la espera del primer valiente que se atreviese a decir que la película de Bond fue otro festival de frustración, nos dimos cuenta que en nuestra misma fila teníamos sentado a uno de esos personajes que solamente en esa ciudad se les puede ver tan de cerca y en su estado natural. Vestido con un elegante traje blanco, guantes negros y sobre sus hombros –cual capa- un abrigo color púrpura obispo, estaba Valentino. Nuestro villano nos vio de frente mientras recogía un antiguo bastón negro y escondido tras unos lentes color sepia y un sombrero blanco de narco latinoamericano hizo un gesto de desaprobación que nos petrificó. No había más que decir.

Y de esta manera quedamos a la espera de una nueva entrega, donde el Comandante Bond pida su trago favorito preparado de la forma que más le gusta y salve al mundo, una vez más, de un villano digno como Valentino.