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Tuesday, October 26, 2010

Esta es mi bandera, carajo

Quizás un poco por presión de grupo o porque la gente de Google me manipuló para que así lo hiciera, no importa la razón, el makeover fue inevitable. Al parecer, Google se peleó con el antiguo formato de Blogger y decidió comenzar una campaña para alejar a sus usuarios y hacerlos migrar al nuevo formato. Fui víctima de la campaña, lo admito. En todo caso, como dije, la razón no importa, lo importante es que ocurrió y aquí está.

Por lo menos el tema del background tiene su historia (ver foto arriba):

Hace varios años, en una de mis aventuras por Centroamérica, me topé con esta pared. Fue en una playa desolada de Costa Rica que ocurrió. Luego de pasar largas horas abriéndome pasó entre la maleza y luchar contra prehistóricos mosquitos, lagartos y culebras, llegué a una paradisíaca playa en la que no había ni una huella en la arena. A lo lejos, pude divisar un tenue rastro de civilización. Una casa. Al acercarme, me di cuenta, que de la casa que me había parecido ver en la lejanía, solo quedaba una pared. El resto, ruinas. Estuve parado en el mismo sitio admirando la pintoresca edificación y especulando sobre las razones por las que, de toda la casa, justamente quedó la pared que estaba pintada. ¿Casualidad o compasión del demoledor? O quizás, un instintivo respeto por el arte, al cual, al parecer, somos ajenos hoy en día.

Me llegó el mensaje y decidí adoptar la imagen como mi bandera. El moderno fresco, simboliza para mí, el arraigo que nosotros, los llamados “tercermundistas,” sentimos por nuestra tierra. La sencillez y la magia de las naciones caribeñas. Lo bueno. Bienvenidos al Bar del Tercer Mundo.

En cuanto al cambio de look, sé que fue drástico, pero traté de conservar algunos elementos del viejo formato (nótese que la mirada seductora se mantiene) y, además, lo hice cónsono con mi cuenta de Twitter, por eso de la marca.

Si alguien lee este blog, se agradecen comentarios y/o sugerencias sobre la nueva imagen, opinar es querer.

Gracias.- La Gerencia

Wednesday, July 14, 2010

TDK


Hay costumbres que deben mantenerse aunque sean absurdamente cavernícolas. Grabar un mixtape era un arte que requería de tiempo, dedicación y mucha paciencia. Desde el momento en que se empujaban los botones de rec y play al mismo tiempo comenzaba a fluir la adrenalina. Un sentimiento parecido al que deben sentir los pintores luego de hacer un trazo en el lienzo, la angustia de la perpetuidad, muchas veces preferible seguir a borrar y terminar de poner la cagada. Coordinar cada canción con la pausa adecuada entre cada una, calcular cada lado para que no se corte ni un segundo de la obra y escribir en las etiquetas en letra legible cada canción en el orden correspondiente, todas tareas dignas de la minuciosidad y el pulso de un cirujano.

Pero más allá de la parte técnica, el verdadero arte estaba en la selección del contenido. Escoger las canciones correctas y grabarlas en un orden coherente con la persona o la ocasión era solamente posible a través de años de práctica o de un talento innato digno de reconocimiento internacional.

La tapa del frasco era regalar el cassette. Un regalo de muy bajo o ningún costo monetario y con un valor sentimental muchísimo más grande que la más cara de las pulseritas, solamente comparable con un poema escrito a mano. Aparte de un magnifico regalo que describía con música el retrato de una relación adolescente, un mixtape también podía ser el diario accidental de un despecho, una semana santa, un viaje, una rumba, un año, una moda, una amistad… en fin, una época.

Hoy me encontré con un CD que grabé hace 7 años, lamentablemente todos mis cassettes se desintegraron y mis cassetteras deben estar enterradas en alguna chivera de la panamericana. Esto es lo más cercano. Me reí mucho. A continuación incluyo el contenido del disco, por favor no me juzguen, les podría pasar a ustedes.

1. We didn´t start the fire, Billy Joel: Qué mejor forma de empezar.
2. Crazy in Love, Beyoncé featuring Jay-Z: WTF, simplemente inexplicable, aparentemente fue lo más cercano que encontre a “Staying Alive.”
3. Smooth, Santana featuring Rob Thomas: Puro power, supongo que para enfrentar la noche.
4. Mr. Roboto, Styx: Lo confieso, absoluto Styx fan.
5. Let´s dance, David Bowie: Necesitaba un poco de Bowie, muy apropiado luego de Mr. Roboto.
6. Last Nite, The Strokes: Ánimo que queda noche por delante.
7. Epic, Faith no more: El orden hasta ahora revela que en esa época estaba seriamente desequilibrado.
8. Come with me, Puff Daddy featuring Jimmy Paige: Gran homage a Kashmir de Led Zeppelin, pre Puffy, P. Diddy, Diddy, Sean “Puffy” Combs.
9. Bring me to life, Evanescence: WTF, sería culpa de la jevilla de turno.
10. Heroes, David Bowie: Backup en caso de que la noche deje de ser Smooth.
11. Brown Eyed Girl, Me first and the Gimme Gimmes (Ska cover): No me ReCURDO.
12. Hey Jelousy, Gin Blossoms: Nostalgia por el pasado, even then.
13. Disarm, Smashing Pumpkins: Ditto.
14. Soul to Squeeze, Red Hot Chili Peppers: Respect.
15. Man on the moon, R.E.M.: La noche se torna depre.
16. Wish you where here, Pink Floyd: Despecho.
17. Into the west, Annie Lennox: Y de las cenizas se levanta, una vez más, Aragorn hijo de Arathorn.

Como bono aquí les dejo un famoso quote de Nick Hornby (High Fidelity) sobre la complejidad de los mixtapes:

“To me, making a tape is like writing a letter — there's a lot of erasing and rethinking and starting again. A good compilation tape, like breaking up, is hard to do. You've got to kick off with a corker, to hold the attention (I started with "Got to Get You Off My Mind", but then realized that she might not get any further than track one, side one if I delivered what she wanted straightaway, so I buried it in the middle of side two), and then you've got to up it a notch, or cool it a notch, and you can't have white music and black music together, unless the white music sounds like black music, and you can't have two tracks by the same artist side by side, unless you've done the whole thing in pairs and...oh, there are loads of rules.”

Wednesday, June 30, 2010

Wednesday, June 23, 2010

¿Dónde está mi patineta voladora de Barbie?

La última vez que fui al cine en los Estados Unidos tuve un incómodo feeling que me hizo sentir como en casa. Al final de la película el público aplaudió enardecido. Sentí la misma pena ajena exacta que sentía cada vez que un avión aterrizaba en Venezuela. Es verdad, el temita del aplauso en el avión es bien trillado, basta con ver la cantidad de cadenas de email en las que el título leía: Fwd: Re: Sabes que estás en Venezuela cuando… Nada original, pero lo cierto es que en los últimos tiempos, parece que se corrió la voz de que “eso de aplaudir después del aterrizaje es niche y que parece que los sifrinos se burlan cuando uno aplaude.” Adiós a la congratulación a los pilotos por habernos llevado a salvo a puerto. Pobres pilotos. ¿Cómo se sentirán? ¿Qué coño importa? Sinceramente, yo nunca lo he hecho porque me da pena, por el complejo de tercer mundista o por la morbosa idea de que “de cajón que el hombre tiene que aterrizar el coroto bien, tampoco es que lo voy a aplaudir por no matarme.”

Como dije, el único sitio donde he sentido esa misma penita ajena fue al final de un Blockbuster en el imperio. Más de un wannabe dirá: “no, es que los gringos aplauden el arte! Ellos saben como son las vainas.” La verdad es que los carajos aplauden hasta las películas de perros de Owen Wilson, art my ass, le aplauden a lo que sea. Y créanme, no estoy exagerando cuando digo que la pena ajena es la misma.

Razonando sobre el tema, por evitar pensar en problemas reales y así mantener mi sanidad mental, me doy cuenta que la tecnología está muy lejos de donde pensé que estaría en el año 2010. ¿Qué tiene que ver esto con el tema? No mucho, pero espero poder llegar a una conclusión medio razonada al final. Paciencia y fe, por favor. Cuando digo que la tecnología está lejos no quiero decir atrasada sino literalmente eso, lejos. Yo soy de esas personas que están indignados porque los carros no vuelan, no podemos irnos de vacaciones a Marte, tu mejor amigo no puede ser un robot, no hay sables láser para picar el pernil y mi Papá no me pudo regalar la patineta voladora de Marty Mcfly para Navidad. Toda la tecnología y los recursos para hacer realidad todas esas ideas que nos daban esperanzas de un mundo del mañana emocionante y vibrante se usaron para otra cosa. Cambiamos Marte por Twitter. Y todo, como siempre, es culpa de la economía a quien, descaradamente, le interesó más poder saber inmediatamente lo que iban a hacer Mari y sus amigas @Miami wuuuuu, que poder pasar un fin de semana en el Mar de la Tranquilidad (La Luna, porsia).

Entre las cosas que sacrificamos para poder espiar a la tween de turno (a fondo y con permiso) estuvieron la innovación y desarrollo de nuevas formas de viaje seguro, eficiente y confiable. Montarse en un avión hoy en día es igual o incluso peor que hace 30 años. Aparte de toda la aventura que significa subir y bajar del avión, hay que darse cuenta, que para estar @Miami, tienes que montarte en un armatoste de metal de cientos de toneladas, con miles de galones de gasolina y dos cohetes amarrados en el culo. A lo mejor no suena tan descabellado aplaudirle al señor que maneja el susodicho aparato, por no haberse estampado en el camino. Algo en que pensar la próxima vez que estés actualizando tu status de Facebook/Twitter.

Monday, May 24, 2010

Idio-sin-crasia

Tengo que confesar que llegué hasta la adolescencia sin saber lo que significaba la palabra idiosincrasia. De repente un día apareció en el vocablo de la gente que me rodeaba. Cada vez que la oía asentía con la cabeza y ponía cara de circunstancia. Descifrando el misterio de la mejor forma que podía, entendía que se trataba de algo que acompañaba indistintamente a la palabra venezolano. La Idiosincrasia del Venezolano. Según mis limitados dotes deductivos entendía que no era algo bueno y que la famosa idiosincrasia esta, tenía la culpa de todos nuestros problemas. “Te comes la luz-Idiosincrasia del Venezolano; te coleas-Idiosincrasia del Venezolano; te robas unos reales-Idiosincrasia del Venezolano; te pegas detrás de la ambulancia-Idiosincrasia del Venezolano.” En mi cabeza de 11 años y ante una fobia a todo lo que olía a colegio, yo era incapaz de levantar un diccionario para averiguar el significado de la bendita palabra. En lugar de eso le inventaba significados “es algo obviamente malo, ligado a nosotros, un insulto o una burla. ¿A lo mejor una palabra compuesta? Ni idea. Idiosincrasia, suena como a Idiota. Idiotas… Idiotas sin…gracia. ¡Coño de bolas! ¡Idiotas sin gracia! Los idiotas sin gracia de los venezolanos.” Ahí estaba, un insulto diseñado en casa para describir las coñoemadradas criollas. De ahí en adelante cada vez que oía la palabra, veía la frase completa en mi cabeza “Idiosincrasia hehe… Idiotas sin Gracia” y sonreía como quién jura que descubrió el agua caliente.


Y es que en eso nos hemos convertido, en unos idiotas sin gracia. El típico alguacil de tribunal que sonríe mientras te informa cuanto es el “traslado” de la juez para practicar la medida. Si, el traslado. “Traslado” y “Habilitado” par de productos del ingenio tapa amarilla del venezolano. Dos formas de sacar real “pal café” que no solo se convirtieron en la regla sino eventualmente en ley. El fiscal de tránsito que lanza un piropo mientras matraquea a la señora que se come la luz y la señora que le pregunta al fiscal “como nos arreglamos.” Se entienden en su mundito y ninguno es mejor que el otro. No somos mejor que el fiscal que matraquea si no podemos decirle viéndolo a los ojos que nos ponga la multa. Apuesto lo que sea a que desvía la mirada. Después se quejan que el carajito les saca un 20 pirata.


No fue hasta que oí la palabra acompañando otro gentilicio, que entendí que se refería a las costumbres de un grupo determinado. Osea que no necesariamente era un insulto. Ni tenía nada que ver con sinverguenzura. “Los alemanes no entienden de ineficiencia ni de inexactitud por su idiosincrasia.” ¿Como es la vaina?


En nuestro barrio si alguien es vivo hay que pegársele y si es bueno, aaaajn ese es un pobre huevón al que la mujel le monta cachos con el vivo.


Yo no me salvo, tampoco es que soy santo ni mucho menos. He hecho cualquier cantidad de cosas de las que me arrepiento ¡ah!, porque esa es la primera que te lanzan, “yo nunca me he arrepentido de nada.” ¿Cómo carajo no te vas a arrepentir de una coñoemadrada? Lo peor es que cuando me he puesto moralista más de una vieja con la nariz empolvada me ha dicho “si y cualquiera jura que tu nunca te has comido una luz,” como si se tratase de un cachito. ¡Coño no! ¡Nunca me he comido una luz! ¿Por qué les cuesta tanto entenderlo? ¿Y por qué? No sé. ¿Por punto capaz? ¡O simplemente por que no se hace coño! A mi me enseñaron de carajito que rojo es para y no pasa cuando puedas.


Y es que si eso es lo que hemos visto toda la vida, como carajo vamos a pretender que no tengamos a esta cagada de Capataz disfrazado de Popi burlándose de nosotros todos los domingos. Si a la final todos están dispuestos a comerse la luz para llegar de primero. Lo peor es que la desesperación de la gente que se queda atrás es tal, que todo el mundo termina comiéndose la luz o pegándose detrás de la ambulancia. Ese complejito de llegar primero nos tiene jodidos. Y harto problema que tenemos con el amarillo carajo, esa zona gris entre lo que se puede y no se puede, como nos encanta el amarillo. A buen entendedor pocas palabras.


No podemos pretender pedir algo mejor a lo que tenemos si cada vez que nos echan una vaina tratamos de sacarle provecho con nuestro ingenio tapa amarilla. Es esa cualidad la que se encargó de desprofesionalizar a nuestra gente en los últimos años.


Estamos ante una nueva encrucijada. Pero esta vez más que deprimirnos y buscar una nueva solución tapa amarilla que nos haga ricos en cinco minutos, es hora de recoger el pico y la pala. Desempolvar el Código Civil. Sacar la calculadora. Usar la cabeza.


Lo que nos viene no es fácil. Va a ser difícil en todos los sentidos que podamos imaginar. Pero nada es imposible y todavía la mayoría no hemos empezado a pelear. Ellos le han dado al país con todo lo que tienen, nosotros ni con la mitad. Lo que se les viene encima es el infierno. Si queremos, claro.


Está gente despilfarró una de las más grandes fortunas de Latinoamérica con ese complejo de beisbolista que tienen. No dejemos que despilfarren el talento que queda en el país.


Últimamente he leído mucho en el periódico, revistas y otros blogs sobre el famoso plan B. Le he visto la cara al exilio y no es nada bonito, quien opte por esa opción se la respeto, carajo quién sabe si le estoy diciendo conchudo al morrocoy. Pero en 10, 20 o quizás 30 años, cuando estemos muy cómodos viviendo en el Doral, con un carajito en Seattle y el otro en Okala, que de vez en cuando llamen para excusarse en Spanglish (entiéndase Spanglish de verdad, no el super cool que hablamos en Caracas), de no llegar a casa por el Día de Acción de Gracias, pensaremos en esa vaina chévere que unas vez tuvimos y quizás, solo quizás, nos arrepintamos de no haberle tratado de meter el pecho a la situación y haber salido como unos polaquitos arrastrando los pies y cargando una bolsa de basura negra con un cuadrito del Ávila adentro.


Sin ánimos de ofender a nuestros hermanos de Polonia, se les respeta todo lo que han aguantado y peleado, pero es que así me lo imagino.